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Es sólo una cuestión de actitud; dice el tema de Fito Paez. Y eso es lo que rescato del partido de anoche del Rojo frente a la Liga. Aclaro que no lo vi, porque estaba trabajando y Direct TV insiste que no puede poner una antena arriba de la cabina. Lo escuché por radio. Bah, en realidad lo sufrí, como lo hacia de pendejo, cambiando de estación en estación según se diera el partido y me gustaran ó no los comentarios de los relatores. Los que pasaron por el peaje se deben haber extrañado que los atendiera un tipo que hablaba en voz baja y tenia la vista perdida. Es más, confieso que con el grito (mezcla de aullido y puteada) que pegué con el gol de Mareque asusté mucho a una señora mayor que justo estaba atendiendo, y que del cagazo se fue dejandome el ticket y los 60 centavos de vuelto.
Sinceramente, tenía mucha ilusión por este partido, creo que a partir de las 6 de la tarde mi corazón empezó a latir muy rápido, y no se normalizó hasta las 2 de la mañana. Se que soy de depositar muy a menudo mi esperanza en tipos que no hacen nada para retribuirla, y que muchas veces los banco sólo porque visten la camiseta que adoro. Pero confiaba que este Independiente, de poco juego y muchas ganas se volviera con las chances intactas para definir acá la serie. Y lo hizo.
No voy a meterme en el análisis del partido porque en realidad es lo que menos importa. Quiero contar lo que me hizo sentir el partido que anoche jugó mi amado Rojo.
Y la primer palabra que me viene a la mente para describirlo es ACTITUD. Esa actitud que no se negocia, que hace que no importen los 2850 mts de altura, ni los 3 goles abajo, ni la falta de aire e ideas. Esa actitud que hacen que un tipo de 36 años como tuzzio dejé la vida en cada pelota, agradecido al club que le dio la oportunidad de volver a sentirse importante , que hace que Silvera tenga la mente helada en un momento caliente y defina como lo que es, un crack (y se lo discuto a muerte a cualquiera), sabiendo que por ahi no iba a tener otra igual; esa actitud que logra que Mareque olvide por un rato su meteórica necesidad de ser más protagonista que la camiseta que defiende y haga un gol de antología, esa actitud que inspira a estos jugadores a laburar en equipo en busca de un objetivo común, sabiendo que quizás tienen una oportunidad única de quedar en la historia grande, y no pasar a engrosar la lista de todos los mercaderes que fueron y vinieron con más pena que gloria.
El tiempo dirá si esta noche sólo fue un buen partido en la altura de Quito o un paso gigante para la obtención de una nueva copa. Y la verdad no sé si me modifica la vida. Porque para mi lo importante, lo trascendente es haber vivido una noche de copa, de esas que me contaba mi viejo; la de los Bochini, los Trossero, los Santoro o los Pavoni, de la pierna fuerte y templada y el corazón en la mano.
Ahora espero con ansias el jueves que viene, con la ilusión de dar un paso más hacia algo que en los últimos años a los hinchas del Rojo nos fue muy esquivo: El volver a ser.
Pero les confieso que me voy a dormir tranquilo, con la cabeza levantada y el pecho un poco más erguido, sabiendo que lo que viene es igual o más jodido que lo que pasó, pero dispuesto a disfrutarlo sea cual sea el descenlace y teniendo en cuenta que todo es posible a partir de que, como dice Fito:
"Es sólo una cuestión de actitud, no tener nada y tenerlo todo"
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Impresionante Axel, lo que escribiste me conmovió, me tocó algo interno, algo que ni el partido, ni el resultado, ni el presente y pasado (no tan) reciente de Independiente han logrado en mushísimo tiempo (pero mucho, eh). Lograste que me remitiera a la infancia, a escuchar los partidos de la Libertadores, a llorar y envolvernos en la bandera en el 87 cuando Peñarol nos dejó sin esperanzas, a gritar como desaforados en cada uno de los 5 goles que le hicimos a Tachira un domingo a la tarde...
Me hiciste acordar, como no podia ser de otra manera, a papi, pero al de esa época, el que gritaba los goles desaforado, el que se amargaba cuando perdia; no el de la ultima epoca que estaba más desilusionado que caliente en cada derrota, en cada partido donde los jugadores parecian que hacian un favor a los hinchas al ponerse la camiseta.
Quizás, mientras escribo esto, me vengo a dar cuenta porqué con los años me fue importando cada vez menos... y quizás no es que no me importe, sino que le guardo rencor al Rojo y a los hijos de puta que en los ultimos años de vida le sumaban tristeza a una persona que ya la vida lo había golpeado bastante.
Gracias por haberte tomado el laburo de escribir esto, creeme que me llegaste y no te podés imaginar de que forma.
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