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Obdulio Varela
El reposo del centrojás
Osvaldo Soriano, de "Artistas, locos y criminales", Editorial Bruguera. © Osvaldo Soriano, 1983.
(16 de julio de 1972)
A Daniel Divinsky
La Historia de vida , tal como se la conocía en el suplemento cultural de La Opinión, era una de las formas más difíciles del reportaje. Consistía en escuchar, ante un grabador, durante cinco o seis horas--tal vez más--, a un hombre o una mujer que reconstruían los mejores--o los más terribles--momentos de su existencia. Luego había que comprimir sin reducir, restituyendo a la vez el sabor del relato, el estilo narrativo del entrevistado. Carlos Tarsitano, Ricardo Halac, Julio Ardiles Cray y yo practicábamos el género en La Opinión. Esta entrevista me fue sugerida por Hermenegildo Sábat, quien ilustró en el diario casi todos los textos que contiene este volumen.
El 16 de julio de 1950, en el estadio Maracaná de Rio de Janeiro, nació una de las últimas leyendas del fútbol rioplatense; ese día, el imponente centromedio uruguayo Obdulio Varela silenció a 150 mil fanáticos que festejaban el gol brasileño en la final de la Copa del Mundo, convertido por el puntero Friaca. A los seis minutos del segundo tiempo, Brasil abrió el marcador alentado por las repletas tribunas del Maracaná, inaugurado especialmente para ese torneo. Entonces, todo Río de Janeiro fue una explosión de júbilo; los petardos y las luces de colores se encendieron de una sola vez. Obdulio, un morocho tallado sobre piedra, fue hacia su arco vencido, levantó la pelota en silencio y la guardó entre el brazo derecho y el cuerpo. Los brasileños ardían de júbilo y pedían más goles. Ese modesto equipo uruguayo, aunque temible, era una buena presa para festejar un título mundial. Tal vez el único que supo comprender el dramatismo de ese instante, de computarlo fríamente, fue el gran Obdulio, capitán--y mucho más--de ese equipo joven que empezaba a desesperarse.
Y clavó sus ojos pardos, negros, blancos, brillantes, contra tanta luz, e irguió su torso cuadrado, y caminó apenas moviendo los pies, desafiante, sin una palabra para nadie y el mundo tuvo que esperarlo tres minutos para que llegara al medio de la cancha y espetara al juez diez palabras en incomprensible castellano. No tuvo oído para los brasileños que lo insultaban porque comprendían su maniobra genial: Obdulio enfriaba los ánimos, ponía distancia entre el gol y la reanudación para que, desde entonces, el partido--y el rival--, fueran otros.
Hubo un intérprete, una estirada charla--algo tediosa-- entre el juez y el morocho. El estadio estaba en silencio. Brasil ganaba uno a cero, pero por primera vez los jóvenes uruguayos comprendieron que el adversario era vulnerable. Cuando movieron la pelota, los orientales sabían que el gigante tenía miedo.
Fue un aluvión. Los uruguayos atropellaban sin respetar a un rival superior pero desconcertado. Obdulio empujaba desde el medio de la cancha a los gritos, ordenando a sus compañeros. Parecía que la pelota era de él, y cuando no la tenía, era porque la había prestado por un rato a sus compañeros para que se entretuvieran. Llegó el empate. Los brasileños sintieron que estaban perdidos. El griterío de la tribuna no bastaba para dar agilidad a sus músculos, claridad a sus ideas. Las casacas celestes estaban en todas partes y les importaba un bledo del gigante. Faltaban nueve minutos para terminar cuando Uruguay marcó el tanto de la victoria. El mundo no podía creer que el coloso muriera en su propia casa, despojado de gloria.
Desconectado
Voy a agregar varias cosas sobre este tipo, estoy pasando una nota que salió en Un caño, apenas la termna la posteo.
Ahora algo que encontré y que lo pinta de primerísima como era.
http://zonacharrua.com/futbol/obdulios.htm
Una entrevista histórica:
.......... ahora cuenteme una amargura (periodista).
Para qué? Para que me voy a hacer mala sangre con lo que pasó ayer, si todos los días hay cosas nuevas?.
Se acuerda de la huelga del 48?.
Cuando terminó querían venderme, sacarme del pais. Dijeron que yo era el
cabecilla y entonces Hirsch quería mandarme a Bs As, a practicar a Boca.
Fuimos una mañana a un hotel donde estaba el presidente.
Que toma? Whisky?. "Bueno whisky".
Despues los oí hablar. Cuando terminaron saqué la cédula, la abrí y les dije:
"Yo soy fulano de tal y vivo en tal lado. Si el señor se molesta y va a verme a mi casa, si me agarra de buena puede ser que le diga que voy a jugar. A practicar
ni loco!".
"Muchas gracias, lo he pasado muy lindo."
Como eso no caminó me mandaron a llamar a la sede.Ahora querían que firmara
contrato. Pero yo sabía muy bien la gente que tenía delante. Un ex dirigente
muy conocido, hoy fallecido, se cansó de andar diciendo en aquella cancha de
básquetbol de la calle Colonia que yo era esto y aquello por la huelga. Que le
hablaba a los jugadores para mantenerla, etc. Llegó a decir que yo era un
traidor a la Institución.
Entré a la sala de sesiones y quedaron todos mirándome. Empezaron a hablar y
resulta que Obdulio era un fenómeno, que nunca habían visto gente igual!-
Ustedes están seguros? les dije cuando terminaron. Por que me parece que ud
, ud y ud se han aburrido de decir cosas de Obdulio.No me explico como es
posible que contraten a semejante sinvegüenza, entonces los sinvergüenzas son
uds que quieren contratar a un pirata un bandido.Yo aca estoy de más. Que lo
pasen bien eh!... Después empezó el desfile por la casa de CapitánVidiella. Primero Nozar. Un dia llegué al mediodía y me encuentro con que estaban descargando una cocina "Ferrosmalt" a querosene. Yo la precisaba, eso lo sabían bien. Quien la mandó? le pregunte a mi señora. La mandaron de Peñarol, dijeron los del camión. No señor! llevesela de vuelta! yo no acepto absolutamente nada!
Despues vino Alliaume, le dije lo mismo. Yo tenia brazos, no precisaba del fútbol para vivir. Trabajé de albañil con mi suegro y mi señora cocía para afuera. Yo era viejo en el oficio. Empecé cuando estaba en Wanderers en la empresa de un dirigente. Pero la verdad es que no hacia nada. Hablaba ,eso si.
Despues vino hasta la mujer de Hirsch. Usted es entrenadora señora? tuve que preguntarle. Al final entré. Por la gente que me paraba en la calle, por la hinchada, por la gente bien que había.
Pero la amargura más grande fue con la colecta por la casa que me iban a regalar en el 54. Se formó una comisión enorme. Me llevaron a ver una en la calle Bartolito Mitre. Costaba $45.000, la ví, me gustó, empezó la colecta.
Una tarde me encuentro con un ex jugador de básquetbol de Peñarol, me dice, "va fenómeno Obdulio.Yo vendí bonos por $7.000". Ibamos afuera, se vendieron en todo el país. Sabe cuanto me entregaron? $10.270!!! Entonces el club puso $10.000.
Yo podría haber dicho cualquier cosa, pero agradecí y me fuí.
Asi es la vida. Los dirigentes siempre tienen razón.
Pero si ud le erra a una pelota le dicen "vendido" y le queda para toda la vida"...
Con la selección...
Jugó más de 50 partidos internacionales.
Su debut con Uruguay fué contra Chile en Perú por la copa América en 1939. Uruguay ganó 3 a 2.
Su último match con Uruguay fué contra Inglaterra en Suiza por la copa Jules Rimet en 1954. Uruguay ganó 4 a 2.
En este match a los 39 minutos Uruguay e Inglaterra estaban 1 a 1. Obdulio tomó el balón y vió al arquero inglés adelantado, entonces pateó de 35 metros y convirtió. Este remate le costó una lesión que lo radió del partido. Fué la última vez que vistió la celeste.
Sus títulos:
Con Uruguay:
Campeón de la "Copa Baron de Rio Branco" contra Brasil en 1940, 1946, 1948.
Campeón de la "Copa Escobar Gerona" en 1943.
Campeón de la Copa América en1942.
Campeón la copa del mundo en 1950 en Brasil.
Con Peñarol:
Campeón del campeonato Uruguayo en 1944, 45, 49, 51, 53 & 54.
Campeón del "Torneo de Honor" en 1944, 45, 47, 49, 50, 51, 52 & 53.
Campeón del "Competencia" en 1943, 46, 47, 49, 51 & 53.
Desconectado
http://www.rionegro.com.ar/mundial/obdulio.php
Negro jefe
Obdulio Varela, el hombre que le dio otro sentido a la forma de ser un cinco uruguayo. Capitán del ’50, fue la primera gran leyenda de los Mundiales.
Obdulio Varela, después de él el mediocampo uruguayo ya no fue el mismo.
Autor de una ética y una estética del número cinco, el ‘Negro Jefe’ hizo del volante central algo más que un puesto. Lo transformó en un mandato futbolístico de garra y entrega, de no bajar los brazos nunca y de darlo todo ahí cuando ya nadie cree. Porque, ¿quién si no él creía que Uruguay podría ganarle a Brasil en aquel Maracaná de los 200 mil ‘torçedores’?
Antes de la charla técnica previa a la final del Mundial de 1950, los dirigentes uruguayos le llevaron a sus jugadores palabras tranquilizadoras: “Ya están cumplidos con lo que hicieron. Con que no nos conviertan más de cuatro goles estaremos bien”, dijeron. Obdulio los escuchó y les respondió con palabras filosas: “Los de afuera son de palo”.Les dio vuelta la cara, miró a sus compañeros y los arengó: “cumplidos sólo si somos campeones...”
El Mundial de 1950 fue hecho a la medida de su organizador, Brasil, un país que esperaba con ansias su consagración mundial, después de haber diputado sin pena ni gloria las anteriores tres ediciones mundialistas.
Había construido el estadio más grande del mundo para que nadie quedara afuera de la fiesta del 16 de julio, el día de la final con Uruguay. Pero el espíritu ‘charrúa’ y el alma de Obdulio pudieron más.
Veintidos años después, en 1972, Osvaldo Soriano lo entrevistó en Montevideo. Sus memorias de la hazaña de Río fueron publicadas en el diario La Opinión. Lo que sigue es sólo una parte de la voz de la primera gran leyenda de los Mundiales.
“Antes de salir a la cancha, el director técnico Juan López me dijo, como siempre, que yo debía dirigir, ordenar el equipo dentro de la cancha. Entonces, cuando íbamos para el túnel, les dije a los muchachos: ‘Salgan tranquilos. No miren para arriba. Nunca miren a la tribuna; el partido se juega abajo’”. ¿Qué partido jugaría ahí abajo Uruguay? Una defensa en zona (González y Tejera) y dos laterales (Gambetta y Andrade) que presionarían sobre los punteros brasileños; Obdulio Varela como volante central, más dos volantes por derecha e izquierda Pérez, con mucha marca, y Schiaffino, el cerebro del equipo; y tres hombres en ofensiva (Ghiggia, Míguez y Vidal).
El primer tiempo fue de absoluto dominio brasileño, sin embargo cuando se fueron al descanso, todavía seguía empatado en cero. Porque si bien el equipo local había salido a buscar la goleada desde un primer momento, la defensa uruguaya no se dejó dominar. La primera parte fue como la habían planeado, pero en la segunda las cosas se complicaron desde un principio. A los tres minutos, Friaça marcó el primero de Brasil. Lo que siguió fue uno de los grandes sucesos de la historia de los mundiales. Lo cuenta Obdulio, su protagonista.
“Agarré la pelota, caminé despacio y fui a pedir un off-side, porque el linesman había levantado la bandera y después la había bajado antes de que ellos hicieran el gol. Sabía que el árbitro –el inglés Georges Readers– no me iba a atender, pero una oportunidad para parar el partido. Me fui despacito y por primera vez miré para arriba. Los miré con bronca y los provoqué. Tardé mucho en llegar al medio y cuando llegué ya se habían callado. Y yo en vez de poner la pelota en el medio para moverla, le hablé al referí. ¡Las cosas que me decían los brasileños! (...) Cuando empezamos a jugar de nuevo, ellos estaban ciegos, no veían ni su arco de furiosos que estaban; entonces todos nos dimos cuenta de que podíamos ganar esa final”.
El partido tuvo un vuelco. Brasil perdió todo sentido y Uruguay se aprovechó. A los 22 minutos Schiaffino convirtió el empate y a los 35 Alcides Ghiggia le dio el gol del bicampeonato mundial a los uruguayos. Cuando el árbitro pitó el final, un silencio sepulcral inundó el Maracaná. Uruguay tenía algo más para decirle al mundo.
“Esa noche fui con mi masajista a recorrer unos boliches de Río de Janeiro para tomar unos chopps y caímos en lo de un amigo. Nos fuimos a un rincón a tomar las copas y desde allí mirábamos a la gente. Estaban todos llorando. Uno grandote lloraba como un chico y decía: ‘Obdulio nos ganó el partido’. Me sentí mal. Me di cuenta de que estaba tan amargado como él. Hubiera sido lindo ve ese carnaval. Nosotros habíamos arruinado todo y no habíamos ganado nada. Teníamos un título, pero ¿qué era eso ante tanta tristeza?”.
Obdulio Varela, ética y estética de una forma de sentir el fútbol... y de jugarlo.
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